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domingo, 21 de agosto de 2016

Transparencia

Tal y como prometíamos en días pasados transcribimos las notas que fuimos tomando a lo largo de la reunión a la que fuimos convocados, los firmantes de la Plataforma de Aficionados y Abonados de Madrid, por el nuevo Gerente del Centro de Asuntos Taurinos (CAT) de la Comunidad de Madrid. Lo consideramos de enorme interés, dados los tiempos que corren para la fiesta y las veladas amenazas de veto por parte de los empresarios taurinos hacia los nuevos pliegos de condiciones para la próxima adjudicación de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid.
Aunque algo largo, el documento es importante. Por una parte porque muestra bastante de lo que el nuevo pliego recoge. En segundo lugar porque vamos apuntando –en paralelo- lo que la propia Plataforma había opinado sobre diferentes temas, e incluso lo que se fue produciendo a lo largo de la reunión. En tercero porque, sinceramente, hemos de alabar la total transparencia con que en esta ocasión se ha manifestado el nuevo Director Gerente del CAT. Y en cuarto, porque a pesar de lo que andan diciendo empresarios o prensa “interesada” (más en lo económico que en otra cosa, ya me entienden), el pliego tiene también sus sombras para los aficionados, al menos en cuanto a las propuestas que desde la Plataforma habíamos realizado.
No obstante, creemos que es de enorme interés, por cuanto mucho de lo expuesto ha de influir notablemente en el futuro de la fiesta en la primera plaza de toros del mundo.
 

INFORME SOBRE LA REUNIÓN CON EL DIRECTOR GERENTE DEL CENTRO DE ASUNTOS TAURINOS DE LA COMUNIDAD DE MADRID
En Madrid, a 4 de agosto de 2016.
Este pasado e inmediato miércoles, 3 de agosto, a las 12.30 horas, los firmantes de la Plataforma de Aficionados y Abonados de Madrid para la Defensa de la Tauromaquia fuimos convocados por el Director Gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, para explicarnos el alcance de los nuevos pliegos (Administrativo y de Prescripciones Técnicas)  bajo los cuales habrá de salir la Plaza de Las Ventas a concurso este próximo Otoño.
Tuvo don Manuel Ángel Fernández Mateo dicha deferencia en virtud a los documentos que, con algunos meses de anterioridad, la Plataforma que reúne en su conjunto a casi ochenta agrupaciones de toda la Comunidad de Madrid, había discutido, elaborado y presentado a través de sus representantes. En ellos, y sobre la base de los pliegos precedentes, la Plataforma planteaba toda una serie de medidas, corregía algunos puntos, modificaba otros e intentaba defender los legítimos deseos y aspiraciones de los abonados y aficionados madrileños, tantas veces desoídos en ocasiones precedentes.
No habremos de lanzar campanas al vuelo a la vista de los actuales, o próximos, pliegos, pero al menos debemos agradecer a don Manuel Ángel Fernández el auténtico interés que se ha tomado en examinar todas nuestras propuestas, el trabajo, que nos consta ha sido exhaustivo, en la elaboración de unos pliegos que, por fin, tienen muy en cuenta los derechos de los abonados, y el afán constructivo, clarificador y la transparencia con que ha obrado en este asunto, así como su enorme buena disposición.
Los documentos, como es lógico, no recogen, ni mucho menos, la totalidad de nuestras aspiraciones, es más, en ocasiones chocan frontalmente con las pretensiones de los componentes y firmantes de la Plataforma; son, en suma, una combinación de luces y sombras. Pero creemos que es nuestro deber destacar la pulcritud en el trato, la afabilidad y el interés mostrado en dar todo tipo de explicaciones por el Director Gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid.


En primer lugar, y como asunto previo a la reunión explicativa –que se prolongó durante más de dos horas y media-, lamentamos que la redacción y publicación de los mismos se hubiese ya producido, antes de que pudiésemos discutir aquellos asuntos que nos resultaran de mayor interés. Y junto a ello, y a lo largo de la misma, volvimos a reiterar el deseo de que la plaza se rigiese no por un sistema de adjudicación por concurso, sino de gestión directa o interesada, a través de un gestor profesional, pero dirigida desde el Centro de Asuntos Taurinos. El Director Gerente nos ofreció, ante ello, explicaciones suficientes por las que se había desechado tal propuesta, todas ellas de orden político más que taurino, y para proteger la fiesta, aunque fuese durante unos años, ante la hipotética llegada de partidos políticos al gobierno de la Comunidad contrarios a la fiesta nacional.
De igual forma, se le hizo una petición expresa y formal para que hiciese llegar al Consejero de la Comunidad de Madrid, la enorme decepción que había producido a los firmantes de los documentos presentados, el que la valoración de la oferta económica de los concursantes supusiera el 30% de la puntuación final del concurso, cuando la plataforma la había situado tan sólo en el 5% del total de los posibles puntos. El Director Gerente se comprometió a ello, pese a que, nos explicó, era la menor valoración que se había dado en concursos de explotación  de recursos de la Comunidad, incluso los de ámbito cultural, y que habitualmente superaban el 50% y aun en algunos casos eran superiores a esa cantidad. No obstante, se le hizo ver que, en este caso concreto, la “subasta de la plaza” podría ser determinante para la adjudicación de su explotación, cuando a criterio de la Plataforma se deberían valorar más aspectos como la Calidad o Publicidad, difusión y promoción de la fiesta, cuyos porcentajes propuestos superaban con mucho los que se les habían asignado en este nuevo pliego. Don Manuel Ángel, sin embargo, insistió, añadiendo que los criterios objetivos y objetivables, suponían ahora el 85% de la valoración total (incluido ese 30% -sobre 100 puntos- de la cantidad ofrecida como canon). Aunque estuvimos de acuerdo con su apreciación, es cierto que seguimos manteniendo que con nuestras propuestas ese porcentaje se hubiera mantenido, aunque con menor valor específico para la oferta económica, aumentando la Calidad y Publicidad-divulgación-promoción de la fiesta.


Fue muy interesante el documento que nos exhibió con el resultado de la explotación de la plaza en 2015, por la empresa Taurodelta, según y cómo se lo habían facilitado a él mismo. En ese documento, muy digno de análisis y que habrá de motivar otra comunicación ulterior, se expresaba que los ingresos  por venta de localidades habían ascendido a 15.755.700 euros (sin céntimos), la venta de carne a 243.151 euros, y en total, junto con otros ingresos (por ejemplo Retransmisiones audiovisuales que montaron algo más de 3 millones y medio, publicidad, bares, almohadillas y otros), a 22.796.566 euros. La feria de san Isidro casi había recaudado 12 millones, la de Otoño un millón trescientos mil euros, el resto de la temporada los ingresos habían sumado dos millones y casi trescientos mil euros más, y a ellos habían de sumarse abonos para la tercera edad y jóvenes y venta de entradas para el apartado.
En cuanto a los gastos, nos sorprendió de forma notable, la enorme cantidad (algo más de 50.000 euros diarios) que se alcanza con el gasto de personal, oficinas, taquillas, prensa, mayoral, limpieza y seguridad. Ello habrá de ser, de nuevo, objeto de análisis más detallado y propuesta de mejoras que reduzcan esas cantidades.
En términos generales, fue desgranando el Director Gerente del CAT el contenido del nuevo pliego. Éste habrá de regir para las cuatro próximas temporadas, ampliable a una más por prórroga del contrato, e incluye la organización de espectáculos taurinos, la obligación de mantener, regir y dirigir la Escuela de Tauromaquia de Madrid José Cubero Yiyo, así como el apoyo a las otras Escuelas de la Comunidad, económicamente y con medios o reses, y el apoyo a ayuntamientos de la Comunidad para la organización de los festejos de promoción (novilladas sin picadores).
La cantidad de canon se reduce a 2.100.000 euros, si bien a esta cantidad debe sumarse, posteriormente, la obligación de dotar otros 210.000 euros más para la escuela de tauromaquia. Salen de los posibles ingresos las visitas turísticas, unos 150.000 euros, que serán gestionadas por la Comunidad o por otra empresa tras el oportuno concurso.


Se reduce, afortunadamente y de cara a la búsqueda de posibles nuevos candidatos, los requisitos previos exigibles a las empresas. La experiencia habrá de acreditarse no sólo en plazas de primera, sino también con la posibilidad de hacerlo tras la explotación de cosos de segunda categoría (se ha añadido la condición de “europeas”, no sólo españolas, aunque no americanas), y la cifra de negocio en el sector, en cada uno de los tres últimos ejercicios, se reduce de 10 a 5 millones de euros (la Plataforma había propuesto 6, con la organización de al menos 70 festejos en plazas de 1ª o 2ª categoría en los tres últimos años).
La temporada se abre, en contra de nuestra opinión, el último domingo de marzo, o antes si fuese el de Ramos antes de esa fecha, y se cierra, siempre de forma obligatoria, el 12 de octubre; todo ello sin perjuicio de que el nuevo empresario pueda anticipar dicho comienzo o prolongar la temporada (la Plataforma pretendía alargar un poco más ese periodo).
Se le obliga a dar un mínimo de 56 festejos mayores, corridas, novilladas picadas o rejones, y dos festejos populares añadidos (que antes no estaban incluidos). Pero, y encontramos en ello una novedad importante que ya apuntábamos, éstos, al margen de las fechas clave, pueden disponerse en sábado o domingo. El pliego sólo obliga a 16 novilladas (el empresario puede organizar cuántas quiera más, fuera de las fechas “obligatorias”; en nuestra propuesta eran 15 con la misma salvedad). Y junto a ello a dos festejos para la feria de la Comunidad (que corren a cargo de la empresa, en contra de nuestra opinión, pero a instancias del cartel propuesto por el CAT), 23 en la feria de San Isidro (2 de ellas de rejones) y 4 en la de Otoño (todas ellas pueden aumentarse, a veces con incremento de puntos en el concurso, en otras sin relevante puntuación). Se le obliga a celebrar una corrida concurso anual (que los aficionados tanto añorábamos cuando se organizaba en condiciones), y a programar corridas de especial relevancia los domingos de Ramos y Resurrección, el 15 de mayo, 15 de agosto y 12 de octubre, y junto a ello, se le adjudica, en contra de nuestra opinión, la Corrida de Beneficencia (también a instancias del cartel propuesto por el CAT, y cuya fecha queda a disposición de la Comunidad, aunque nos tememos sea dentro del ciclo de San Isidro).


Se obliga, de forma novedosa y digna de aplauso, a 5 desencajonadas públicas en la plaza, la primera para la corrida goyesca del 2 de mayo, 2 durante San Isidro, preferentemente en su semana final de carácter más torista, otra para la Virgen de la Paloma y una más con reses para la feria de Otoño. Y se obliga también, aunque ya antes se venía produciendo de forma voluntaria y habitual, a que haya un apartado público.
En este punto tratamos de la posibilidad de rehabilitar el Batán como muestrario de las reses para ambas ferias, a lo que el Director Gerente del CAT contestó con la práctica ausencia de conversaciones entre Comunidad y Ayuntamiento, la nula disposición de éste y los problemas que aducían ganaderos y empresa. En suma, no existe apenas comunicación entre ambas instituciones en este aspecto.
Para la Feria de S. Isidro y al margen del número obligatorio de festejos, se indicó que comenzaría a partir del 10 de mayo de cada año, sin modificación con respecto a los parámetros actuales. Varían, eso sí, los criterios objetivables para la inclusión de espadas en los carteles, teniendo –en 12 de las 18 corridas programadas obligatorias- que acartelar a dos matadores que hayan cortado 5 orejas en plazas de primera la temporada precedente, o al menos una en Madrid en los dos últimos años. En este sentido la opinión de la Plataforma era mucho más abierta, e independiente del corte de apéndices auriculares en la que parece se basa exclusivamente el mérito de los espadas. Podrán incluirse en la misma la Prensa y Beneficencia, algo que la Plataforma situaba fuera del ciclo para darle mayor realce y obligando con ello a programar mejores carteles para llenar el coso. Los abonados sólo estarán obligados a adquirir el abono básico (18 corridas, 3 novilladas y 2 rejones), y de los festejos extra que se incluyan, y sólo de ellos, tendrán el derecho a una reducción del 10% de su precio. Aunque plausible esta obligación (que se plasma en los requisitos) nos parece insuficiente, puesto que en atención a su fidelidad y al desembolso que realizan los abonados, el descuento propuesto por la Plataforma era superior y para la totalidad del ciclo, no sólo para los festejos que excedan el número de 23. Un 10% de descuento (en una hipótesis de 31 festejos, todos ellos adquiridos por el abonado) no supone ni el precio de una sola corrida.
Pero eso sí, se deja abierta la puerta a que la nueva empresa pueda mejorar “las condiciones económicas” para los abonados que adquieran la parte obligatoria del mismo, valorándose con los puntos correspondientes cada propuesta en este sentido. Esperemos que esta propuesta (no obligación) totalmente plausible, tenga eco en los concursantes.


En el caso de la feria de Otoño, ese 10% de reducción del precio afecta a todos los festejos, los 4 obligatorios y los que la empresa pueda disponer al margen de ese número.
En el apartado de Calidad volvió a hacerse hincapié, por parte del Director Gerente del CAT, en el criterio para la contratación de espadas basado en el corte de orejas (a todas luces, poco consecuente o inadecuado a nuestro juicio), a la inclusión de dos de estos espadas (ya sin las categorías que antaño se apuntaban en los pliegos precedentes) en los 4 festejos relevantes y 12 festejos isidriles, y que para la feria de otoño se les exigiría que figuraran los triunfadores de la temporada en Madrid, criterio muy oportuno, saludado con el beneplácito de la Plataforma si llegara a conseguirse.
Pero…, todo ello siempre y cuando el CAT no autorice, por circunstancias que pueden escaparse a la luz pública, otro criterio mejor a su opinión.
Echamos en falta, eso sí, y así se subrayó de forma explícita e insistente, criterios de calidad en la elección de las ganaderías; que no se hubiese tenido un cuidado especial en abrir los encastes presentes en la temporada madrileña o una atención especial con los llamados encastes singulares (más que minoritarios). La Plataforma había propugnado la inclusión de algunas propuestas en este sentido.
Novedad es que se autorizará a la empresa adjudicataria a que pueda bajar los precios en los festejos obligatorios que programe, aunque fuera de ellos pueda organizar festejos extraordinarios (una vez superado ese cupo de los 56 obligados) en los que habría libertad de precios, algo contra lo que clamamos desde la Plataforma.


Los precios de las localidades serían los actualmente vigentes, con las correcciones conforme al IPC correspondiente, los criterios para abonos los mismos. Los abonados tendrán derecho, eso sí, durante la temporada ordinaria, fuera de las ferias de san Isidro y otoño, a un descuento del 10% del precio de su localidad, que fue aplaudido por la Plataforma (aunque sus propuestas iban algo más allá). Se anuncia una reducción del precio, para personas con movilidad reducida, durante toda la temporada con un descuento del 20%, algo que también aplaudimos desde la Plataforma.
Se abre la posibilidad a los abonados para que contraten un abono de temporada (no sólo para san Isidro u otoño) con una reducción del 20% sobre el precio marcado para cada localidad, aspecto novedoso que ya propugnábamos desde la Plataforma. Se mantienen las condiciones para el abono a jubilados y jóvenes, y se amplía la posibilidad (con varias reservas) a parados de larga duración residentes en Madrid (con descuento del 25% sobre el precio de los festejos). Se recoge, asimismo, la propuesta de la Plataforma de que se haga un descuento (que es del 10%, aunque exigíamos un 25%) para los poseedores del Carnet Joven de la CAM, para la adquisición de gradas, andanadas o tendidos altos de sol (aunque la Plataforma sólo excluía barreras y contrabarreras).
Recordemos que el número de abonos ha disminuido con la actual empresa desde los 19.825 de 2012, a los 15.753 actuales de todo tipo y clase.
Se recoge la posibilidad de traspasar el abono de padres a hijos (como ya sucedía) y de hijos a padres, o entre conyuges y parejas de hecho (como proponía también la Plataforma) y entre hermanos (aspecto incluido por el CAT).
Y tal y como proponía la Plataforma existirá la posibilidad de fraccionar el pago del abono (en dos o tres plazos, según el tipo de abono), cuando su cuantía sea superior a 500 euros con determinadas condiciones, avalado y por domiciliación bancaria.
Y por primera vez, desde hace mucho tiempo, la Comunidad de Madrid disminuye en el número de las localidades que se reserva, aunque no en la cuantía que exigía la Plataforma, desapareciendo cinco de los nueve palcos de los que disponía (lo que habrá de favorecer a la empresa, que podrá vender más localidades), aunque aumente el número con un tendido bajo y otro alto de sombra y en seis andanadas de sombra. Se reserva, asimismo, la opción de adquirir 100 localidades más 48 horas antes de cada festejo.
Fija el nuevo pliego un máximo de 5 festivales benéficos (¿por qué sólo cinco y no los que se requieran?) por temporada, siempre que no interfieran con la programación de temporada, aunque obliga a la empresa a ceder todos sus servicios gratuitamente (incluido personal, prebenda exagerada a nuestro parecer).
De nuevo autoriza el pliego a la organización de la corrida de la Prensa dentro del ciclo de S. Isidro (en contra de la propuesta de la Plataforma), lo que hará que ésta se convierta, como en los últimos años, en un festejo más, sin relevancia alguna ni interés especial, dentro de la feria.


Por primera vez se detallan las características, que obligadamente debe cumplir la empresa adjudicataria, de programas de mano, revista para los abonados y página web, lo que es interesante, sin duda, así como perfiles en las redes sociales. También detalla el número de carteles (que la actual empresa había casi hecho desaparecer) que deben imprimirse por temporada, incluyendo los desaparecidos de tamaño banderilla.
La Comunidad dispone que el Ente Público Radio Televisión Madrid pueda retransmitir, sin coste alguno, los festejos del domingo de Resurrección, 2 y 15 de mayo y 15 de agosto, teniendo el Ente derecho de tanteo y retracto sobre cualquier otra propuesta de retransmisión (desde la Plataforma sugeríamos que además de tal derecho, tuviese un notable descuento del 20% sobre lo pactado).
En cualquier caso, el Director Gerente del CAT nos informó que sólo en gastos de publicidad, promoción y difusión, se le exigirían 850.000 euros mínimos a la empresa adjudicataria.
Aunque contrariamente a la opinión de la Plataforma, la Escuela de Tauromaquia de Madrid pasará a depender de la empresa adjudicataria. Nosotros habíamos pretendido un compromiso político para su manutención, al margen de empresas privadas (y de sus intereses particulares), pero el Gerente del CAT nos indicó que aunque en la actualidad hay tal compromiso cierto para su mantenimiento, posibles cambios en la composición de la Asamblea de la Comunidad podrían dar al traste con tal apoyo y la propia Escuela. Aun admitiéndolo, sigue pareciendo inadecuada esta solución, y se le manifestó nuestra posición en contra, al margen de dudar de los posibles costes de su mantenimiento y funcionamiento, bien argumentados, porque muchas de las funciones ahora están asumidas por personal que lo hacía gratuitamente, o que dependía orgánicamente del propio ayuntamiento de Madrid, que se ha desentendido de ella con su actual gobierno. Para dicho fin, y al margen del canon, la Comunidad exigirá un gasto mínimo de 220.000 euros (a nuestro juicio quizá insuficiente), junto con otros 30.000 euros para las otras tres escuelas de la Comunidad (aunque no funcione ya la de Moralzarzal). Se nos explicó, sobre el pliego, cuáles serían  los requisitos a cumplir, pero cuyo detalle excede, con mucho, el alcance de este informe. La Escuela de Arganda-Fundación El Juli, recibirá su parte al margen de lo que recibe como subvención por actividades culturales taurinas.


Habrá de destinar el adjudicatario 120.000 euros al apoyo en la organización de novilladas de promoción en la Comunidad de Madrid, repartidas en al menos 15 becerradas o novilladas sin picadores. Desde la Plataforma éramos más generosos en este extremo, aun sin fijar cantidades.
La gestión turística se excluye en el pliego, reservándose la Comunidad su adjudicación en otro contrato, pero la empresa tendrá que permitir diversos recorridos por la plaza, y compartiendo un espacio en las taquillas.
Se trató, igualmente, de la valoración.puntuación de muchos de estos aspectos (entre otros), afirmando el Director Gerente del CAT que nunca, como hasta ahora, la puntuación objetiva había alanzado el 85% de los posibles puntos, aunque le criticáramos que 30 de ellos se los lleve en exclusiva la licitación económica.

La reunión se levantó pasadas las tres de la tarde dentro de un ambiente distendido, franco, respetuoso y amigable, en la que cada parte expresó sus puntos de vista y pareceres con entera libertad e independencia. Queremos, por todo ello, felicitar al nuevo Gerente de Asuntos Taurinos, aunque no todas las propuestas de la Plataforma hayan quedado reflejadas en el nuevo pliego (que, además, es mucho más amplio que lo tratado, y que centra su atención en muchos otros detalles, cuadra de caballos, personal de plaza, alguacilillos, mayoral, conserje y otros muchos de especial interés para el aficionado). Sin duda habrá nuevas oportunidades para seguir profundizando en algunos otros aspectos o en parte de los tratados, posicionarnos en bastantes aspectos de lo reflejado, e incidir en una de las ideas que sugirió el Director Gerente del CAT, ya propuesta previamente por la Plataforma, de que hubiese alguna participación de aficionados en la asesoría del CAT o quizá algo más. 

domingo, 14 de agosto de 2016

COMUNICADO DE LA PLATAFORMA DE AFICIONADOS Y ABONADOS DE MADRID

En la primera semana de agosto mantuvo la Plataforma una reunión con el Gerente de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, D. Miguel Ángel Fernández, convocada por este, para explicar el alcance del pliego de condiciones del concurso de adjudicación de la Plaza de las Ventas.
La Plataforma, que agrupa cerca de ochenta asociaciones taurinas, agradeció el interés mostrado por la Gerencia en examinar con ella las bases del concurso, respondiendo así, al espíritu de colaboración ofrecido por la Plataforma al presentar hace unos meses un documento de propuestas con vistas a mejorar la gestión de la plaza.
Aunque la documentación del concurso no recoja la totalidad de las aspiraciones de los aficionados, y contradiga alguna de sus pretensiones principales, es de agradecer la disposición al diálogo y el talante mostrado por la Gerencia, auténtica novedad en las relaciones con los titulares públicos del coso madrileño. 
Fundamentalmente, se echa en falta la pretensión de la Plataforma de que la Plaza de Las Ventas se rija, no por un sistema de adjudicación concursal a una empresa, sino mediante una gestión directa o interesada, reforzada o auxiliada por un gestor taurino profesional, pero dirigida desde el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad.


El Gerente dio explicaciones plausibles de los motivos por los que se había desechado la propuesta de la Plataforma. Principalmente referidas a la inestabilidad política de la Comunidad, que condiciona el perfil de quienes puedan asumir la titularidad de una plaza pública como Las Ventas. Pues, a su juicio, una concesión empresarial asegura a medio plazo la continuidad con menos alteraciones en el desarrollo de la programación taurina del coso. Este es también el motivo, por el que la financiación de las escuelas de tauromaquia se ha incluido entre las obligaciones de la empresa adjudicataria.
También manifestaron su decepción por el elevado porcentaje del 30% con el que el pliego permite puntuar la oferta económica, ponderación que la Plataforma había propuesto que no superase los cinco puntos. A lo que el Sr. Gerente respondió que en el marco concursal de los servicios culturales de la Comunidad, el porcentaje habitual supera el 50%, y que en este concurso el conjunto de los criterios de valoración objetivables alcanza el 85%. 
De todas formas, la Plataforma sostuvo que, aunque difícilmente cuantificable, la gestión de la plaza debiera estar siempre presidida por la calidad de los festejos, orientada a mantener la pureza de la fiesta y la promoción de la tauromaquia en un entorno nada facilitador de estos objetivos. El sistema ofertado no asegura una adecuada composición de los carteles ni una selección rigurosa de las ganaderías abierta a la riqueza de los encastes.
Por otro lado, ha sido bien recibida la novedad del abono de temporada y la posibilidad de extender el descuento de los abonados, a los festejos fuera de la parte no obligatoria de San Isidro, aunque se hubiera deseado un descuento mayor en esa Feria y que éste abarcara la totalidad de la misma. 
También se aplaude, la inclusión de cinco desencajonadas públicas y la celebración de dos festejos populares, lo que puede aumentar la atracción de nuevos espectadores a Las Ventas.
Los representantes de la Plataforma, reconocieron en todo caso al Gerente, el afán constructivo de su trabajo, la transparencia de la labor realizada y la buena disposición mostrada hacia los aficionados, que sientan un precedente nuevo a mantener en el futuro.

Madrid 11 Agosto de 2016

En días sucesivos publicaremos el informe detallado de la reunión del 3 de agosto para quien desee ver reflejado lo que en ella sucedió, y más adelante, intentaremos posicionarnos de manera individual ante el revuelo que diferentes empresarios han ido creando en torno a este nuevo pliego "con luces y sombras" para los aficionados.

martes, 9 de agosto de 2016

Julio Camba, otro escritor gallego en defensa de la fiesta

De nuevo, en el fragor de lecturas veraniegas, me encuentro con sendos pasajes referidos a la fiesta de los toros, a la corrida moderna, y de la mano, una vez más, de un escritor gallego, región a la que, tradicionalmente, tan poco se liga con la afición a la tauromaquia.


Julio Camba es, sin duda, otra de las glorias gallegas de la literatura contemporánea. Periodista nacido en Villanueva de Arosa en 1884, sus inicios le sitúan en una posición anarquista, pese a proceder de una familia de clase media. Pronto su espíritu inquieto le haría escaparse de casa, embarcarse como polizón, rumbo a la Argentina, y contactar allí con grupos libertarios, con los que comenzaría a dar sus primeros pasos como escritor. A su regreso a la península colaboraría en el Diario de Pontevedra, para pasar rápidamente a Madrid, donde escribiría para El Porvenir del Obrero, El Rebelde (de su creación), o El País, donde permanecería hasta 1907.
En aquellos días inicia su actividad como cronista parlamentario en España Nueva, y sigue bastante ligado a medios anarquistas, pese a su independencia política y literaria, escribiendo con entera libertad, soltura, escepticismo crítico y llaneza. 
En 1908 vuelve a dar un giro sustancial a su faceta periodística, destacándose como corresponsal en Turquía del diario La Correspondencia de España, pasando luego por París y Londres (a cargo de El Mundo), y después en periódicos como La Tribuna (1912) donde también conocerá la Alemania de la preguerra. En 1913 comienza su prolífica colaboración en ABC, alternando sus trabajos durante algunos periodos con los de El Sol (1917-27), y pasando largos periodos en Roma o Berlín, o Nueva York allende el Atlántico.
A la vista de los acontecimientos políticos en la II República, Julio Camba decide posicionarse en el bando nacional, y seguirá escribiendo en periódicos como el ABC o La Vanguardia (entonces Española de apellido) hasta su muerte en Madrid en 1962.




Puede decirse que, tanto en sus ideas políticas como en su estilo literario, Camba fue un espíritu libre, uno de esos librepensadores de los que hoy carece en tan buena medida nuestra sociedad, que siempre, a pesar de la evolución sufrida, escribió y dijo lo que su conciencia le marcaba. Y lo hizo siempre con un espíritu fresco, original, no exento de esa fina ironía crítica que también poseía su paisano Wenceslao Fernández Flórez, a veces teñida de, no pesimismo, sino consternación por el mundo que le rodeaba, de lo que su agudo ojo crítico le delataba. 
España y los españoles, Europa en el periodo más convulso de su reciente historia, pasarán por su pluma desde todo tipo de puntos de enfoque; todos ellos, sin duda, originales. Sus notables inteligencia y capacidad de observación sabrán buscar siempre orientaciones insospechadas, lecciones –poco evidentes en ocasiones porque no intenta ni adoctrinar, ni dogmatizar- de profundo calado. Su pluma, cual bisturí, disecciona la realidad y halla en lo profundo del ser de cada instante un elemento novedoso, descubriendo una faceta a veces inesperada de su auténtica realidad. Y todo ello aderezado, repetimos, de una elegante ironía, un sano sarcasmo y un trasfondo que nos hace meditar. No por nada se codeó, trato y trabo amistad con la intelectualidad más encumbrada de su época, como Ortega, Marañón, Pérez de Ayala…, o el mismísimo Juan Belmonte.
Es en este último aspecto en el que hoy nos detenemos un poco más. Camba fue aficionado a las corridas de toros, quizá no fuera un apasionado, pero entendía, acudía y analizaba el espectáculo en profundidad. Sus crónicas están cuajadas de referencias taurinas, aunque tengan tan poco que ver con ellas como el carácter de los berlineses (y no hablamos en términos metafóricos, sino reales).




En dos de sus obras casi homónimas, Sobre casi todo y Sobre casi nada, editadas en 1927 por vez primera (reeditadas en 1934, ediciones que utilizamos nosotros), saldrán a colación sendos artículos en los que Camba defiende el carácter de la fiesta de los toros; en una de ellas, como le sucedería a su paisana, la Pardo Bazán, a raíz de un ataque de pluma extranjera; en la otra, analizando el carácter del público aficionado a la fiesta.
En el primero, a raíz del ataque de un escritor inglés, y so pena de una sátira (bastante instructiva, por cierto) sobre San Jorge y el dragón, Camba nos desvela las pulsiones que se ocultan tras el mito –adoptado por la Gran Bretaña, pero tan vivo en Aragón, Cataluña y distintas regiones meridionales francesas como aquellas septentrionales-, criticando la gratuidad con que el britano exige la desaparición del toro de lidia como elemento no natural de la fauna. Dice el escritor inglés, y en ello no podemos contrariarle, que el toro de lidia es el fruto de la selección a través de los siglos, de distintas reses vacunas caracterizadas por su comportamiento. Verdad inequívoca, tanto como lo es la enorme variedad de razas de ganado bovino de cualquier tipo, las caninas o mininas y tantas otras razas de ganado doméstico o semidoméstico, que no gozan de la libertad y crianza semisalvaje y natural de la que goza esa meta-raza que suponen los distintos encastes del toro de lidia.
Basado en tan cierta como peregrina observación, el protector de animales cataloga, pásmense ustedes, a los toreros como ¡¡asesinos…!! Lo mismo que si nosotros, por la caza del zorro, o por su afán paisajístico en los jardines, les tildáramos de genocidas o torturadores de plantas… La estupidez no conoce fronteras.
Camba le da la vuelta al argumento, y defiende que las corridas de toros, argumento no novedoso pero sí interesante y frescamente expuesto, suponen la liberación de las pulsiones negativas que se encierran en el corazón humano; del pecado contra sus semejantes; como el dragón, que encarna al demonio, acechaba la pureza angelical de la princesa hasta que San Jorge vence a la tentación, al pecado, y lo mata para mayor gloria de Dios. En Inglaterra, añade, el capitalismo teñido de liberal, crea pobres y ricos, y a los primeros la ausencia de ayudas sociales los condena a muerte. Aquí, satiriza Camba, no hace falta crear pobres porque tenemos los toros para purgar nuestras pulsiones, nuestros instintos más negativos, y es el torero el héroe popular –como San Jorge- que acaba, en un rito bien definido y litúrgicamente casi perfecto, con ellos. "Desengáñese el señor Smith. Hay que acabar con los males sociales, para lo cual, naturalmente, lo primero es producirlos, y así, una corrida de toros, moralmente considerada, viene a ser exactamente lo mismo que una fiesta de caridad", escribirá Camba. La gran diferencia es que tales fiestas de caridad palidecen frente a la brillantez y hermosura del festejo taurino, y ello, sólo ello, puede hacerlas menos morales para las pacatas mentes ultra puritanas reformistas.


Fotograbado de Blanco y Negro, 28-9-1919 con imagen aérea de la plaza, quizá tomada en aquel vuelo que refleja Camba
En el segundo artículo, Camba se hace eco de un suceso real, el sobre vuelo de una avioneta por encima de la plaza de toros de Madrid –que acabaría plasmándose, incluso, en cartel taurino-. El suceso, insospechado para aquellos tiempos, llenó de admiración a unos, y de indignación a la mayor parte. Quizá algunos criticaran al aviador, costumbre bien española, por contemplar el espectáculo sin haber pagado la correspondiente entrada… Camba, sin embargo, hace un fresco relato del acontecimiento, y su ironía, buscando la siempre fértil paradoja que le acompañaba en su escritura le hará decir: "En un instante, y a consecuencia del más ligero descuido, el aviador podía rodar por la arena mientras el torero, proyectado por el toro, fuese a sustituirle en los aires...". Y más adelante, en boca de un compañero de localidad, pondrá en sus labios una sentencia que une a lo paradójico la gran verdad del toreo: "Va a tropezar y va a caerse. Las autoridades no deberían permitir ejercicios tan peligrosos", olvidándose del riesgo cierto e inherente a la lidia, pero evidenciando, sin decirlo, que las reglas del arte, la inteligencia, el valor y el dominio de sí mismo, hacen que el hombre triunfe de manera habitual sobre la muerte, sobre la naturaleza brutal e indómita que representa el toro.
El público, expectante, emocionado, teme que el aparato se venga abajo y cause alguna desgracia, y es ahí de donde Camba saca su artículo, esgrime su hábil disección interior. El público de toros no busca emociones gratuitas, se emociona viendo poner en peligro la vida de los lidiadores; no quiere desgracias, acude a la plaza a ver triunfante al torero, no busca más sangre inútil que la precisa en el sacrificio del toro. Es más, le achaca Camba, dos cualidades profundamente humanas, nada naturales, y mucho menos animalísticas, "Caridad y altruismo”. Porque, añadirá, "Si la vida del prójimo no le interesara al aficionado tanto como la propia, ¿de dónde iba a pagar el aficionado ocho pesetas para ver si el toro lograba o no quitársela?
Esta clarividente impresión que Julio Camba hace del carácter del público le hace afirmar que "todo aficionado a toros tiene un espíritu franciscano"; franciscano, ni más ni menos, estoico ante la adversidad, amante de la naturaleza, pobre de espíritu y entregado al prójimo… todo lo que se esconde bajo la doctrina y ejemplo del santo de Asís, nada menos… Y en cierto modo, tiene razón sobrada; el aficionado a toros es el mayor enamorado que puede existir del toro en el campo, del goce de la vida natural, de la dehesa; el aficionado, aun cuando pueda criticar al diestro, jamás busca su muerte (no como hacen otros), sino su bien, su triunfo, que éste manifieste esas condiciones humanas que le hagan sobreponerse a la naturaleza encerrada en ese círculo mágico y trágico de la plaza. El aficionado no quiere la crueldad innecesaria (de un puyazo mal encarado, por ejemplo), ni el derramamiento inútil de sangre (apenas se fija en ella, y cuando lo hace es para criticar el exceso en el castigo, el mal hacer del hombre que lidia), respeta al toro –como animal- tanto o más que el mundo de los profesionales que lo rodea y que los defensores de la animalidad, busca que el toro demuestre su máxima potencia, la mayor expresividad de su condición natural.
De ahí, concluirá, que la emoción que produjo el desconcierto del sobrevuelo del aeroplano, la inquietud de si llegaría a caer (esa misma semana se habían estrellado dos pilotos, capitanes de aviación, en Getafe, con la muerte de ambos), es un pleonasmo, una redundancia en suma, porque el público de toros ya tiene sus emociones cubiertas con lo que ve en el ruedo, sabiendo que el hombre está por encima de la bestialidad.
Dos aportes interesantes, sin duda, que nos fuerzan, de nuevo, a reflexionar sobre la fiesta de los toros; en esta ocasión de la mano y la pluma de un brillante escritor gallego: Julio Camba.

Julio Camba, “Sobre casi todo”. Madrid, Espasa Calpe, 1934. Pág. 226-8.
SOBRE LAS CORRIDAS DE TOROS


No he visto yo todavía en ningún parque zoológico esos pintorescos dragones que unen el apetito erótico al apetito gastronómico, y que, echando grandes llamaradas por los ojos y la boca, solicitan a diario para su desayuno las tiernas carnes de una doncella de la buena sociedad. Según autores muy ortodoxos, el dragón de Libia, a quien dio muerte San Jorge cuando iba a lanzarse sobre la hija del rey, no era tal dragón, sino un símbolo de las tentaciones y una imagen del demonio, lo que, lejos de empequeñecer la hazaña del caballero de Coventry, constituye su verdadera grandeza. Un señor inglés, sin embargo, presidente de una Sociedad protectora de animales –todos los animales, excepto los dragones-, le dice al prefecto de Policía de París, en una carta contra las corridas de toros, que los toros bravos no existen realmente, puesto que su bravura es una creación artificial y no un producto de la Naturaleza, y que por esta razón el torero, lejos de ser un héroe como San Jorge, es un vulgarísimo asesino.
La contradicción salta a la vista, ya que no se concibe fácilmente que haya en el mundo quien crea en la realidad de los dragones sin creer en la de los toros; pero nada más lejos de mi ánimo que la idea de equiparar a ningún torero con el patrón de Inglaterra. Lo único que yo quisiera sería demostrarle al corresponsal del prefecto de Policía de París que eso de poner un gesto caballeresco al servicio de una mala acción creando con cuidados exquisitos unas bestias feroces, sin otro objeto que el de desembarazar luego de ellas a la Humanidad, no es una paradoja tan española como a él le parece. Es, más bien, la paradoja universal, señor Smith, y es una de las más brillantes paradojas inglesas. ¿Qué más dará hacer toros para matarlos que hacer pobres para socorrerlos? ¿Por qué ha de ser más humano que el enfurecer a unos tranquilos y pacíficos rumiantes para, una vez enfurecidos, librar al mundo de su ferocidad, el convertir con análogos propósitos a tantos hombres infelices en rabiosos y desesperados?
Desengáñese el señor Smith. Hay que acabar con los males sociales, para lo cual, naturalmente, lo primero es producirlos, y así, una corrida de toros, moralmente considerada, viene a ser exactamente lo mismo que una fiesta de caridad. Convengo, sin embargo, en que existe una razón para que las corridas de toros le parezcan menos morales al señor Smith y a tantas otras personas que las fiestas caritativas, y es la razón sencillísima de que constituyen un espectáculo bastante más hermoso."

Julio Camba, “Sobre casi nada”. Madrid, Espasa Calpe, 1934. Pág. 155-7.
SOBRE EL PÚBLICO DE LOS TOROS


"La otra tarde, en la Plaza de Madrid un aeroplano pasó volando por encima de nuestras cabezas. Volaba tan bajo que su ala parecía rasar el tejadillo y, a la emoción que nos producía la lidia, vino a unirse así una segunda emoción: la de que el aparato, en una falsa maniobra, se abatiese sobre nosotros. ¿Qué más podría pedir una muchedumbre anhelante de emociones? En un instante, y a consecuencia del más ligero descuido, el aviador podía rodar por la arena mientras el torero, proyectado por el toro, fuese a sustituirle en los aires…
 Pero esta combinación no era totalmente del agrado del público, y los espectadores que, en su afán de apreciar el valor del torero, lamentaban, momentos antes, la mansedumbre del toro, protestaban ahora contra la audacia del aviador.
-¡Habrase visto!-decían-. Va a tropezar. Va a tropezar y va a caerse. Las autoridades no deberían permitir ejercicios tan peligrosos.
¡Extraña filantropía ésta que, de un modo tan inopinado, veíamos nacer en el alma de una multitud taurófila! ¿Será mentira el que la fiesta de los toros desarrolla la crueldad de aquellos quela presencian? ¿O acaso es falso lo de que la muchedumbre va a la plaza en busca de emociones?
Una exclamación lanzada por un vecino de tendido nos dio, en esto, la clave de la psicología del público.
-Si el aeroplano se cae -dijo el hombre- no van a quedar de nosotros ni los rabos…
Indudablemente, la multitud va a los toros en busca de emociones; pero para emocionarse, no tienen necesidad alguna de que peligre su vida, y le basta con ver en peligro la vida de los demás. ¿Egoísmo? ¿Ferocidad? Todo lo contrario. Caridad y altruismo. Si la vida del prójimo no le interesara al aficionado tanto como la propia, ¿de dónde iba a pagar el aficionado ocho pesetas para ver si el toro lograba o no quitársela? ¿Es que el riesgo del torero lograría producirle emoción alguna?
Yo me atrevería a afirmar que todo aficionado a toros tiene un espíritu franciscano. Para sentir hambre le sobraría con ver ayunar a alguien, y para estremecerse ante el peligro, ¿qué falta le hace el que un aeroplano amague sobre su cabeza, mientras haya en la plaza toros y toreros? El aeroplano de la otra tarde era para el público algo así como un pleonasmo con alas, y por eso el público, indignado, protestaba contra él."

lunes, 25 de julio de 2016

Los de Cuadri en Valencia

He de reconocerles que ésta no será una crónica al uso, sino una serie de reflexiones que, en torno al festejo valenciano que ayer, 24 de julio, cerraba la mini feria de julio valenciana, se me suscitaron; feria, por cierto, que antaño tuvo mayor importancia y extensión que la actual -camino de ser raquítica-.
Ayer, como ya sabrán muchos de ustedes, se lidió una corrida de los Hijos de Celestino Cuadri en la plaza levantina. No fue una buena corrida, seguro que la prensa del sistema le habrá atizado a gusto..., ni aun brava (aunque algunos empujaron en el caballo, más con bravuconería que verdadera entrega), ni mucho menos completa… por no completarse, ni siquiera pudo lidiarse completa porque uno de los que saltaron al ruedo, el tercero, fue devuelto por su manifiesta invalidez (aunque al usía, negado en el palco, le costase verlo lo suyo). Tuvo, eso sí, trapío y seriedad, dureza y exigencia…
No fue, decimos, una corrida completa, pero fue una corrida interesante; una corrida para aficionados, para discurrir y discutir, para pensar y buscar soluciones. Una corrida, como se decía antes, para toreros machos... 
Cada toro tuvo su personalidad, su duración (que había que entender para un mejor planteamiento de la faena), sus complicaciones o dificultades. Por desgracia, para la tauromaquia actual y si me apuran para el futuro de la fiesta, las faenas estándar que se han impuesto en el gusto de los públicos ocasionales y aun de los aficionados, no permiten ya ajustar la lidia, el último tercio a los verdaderos requerimientos de cada toro.


Dos de los de Cuadri en Valencia
(Foto: 
Teseo Comunicación - SCP)
Así, por ejemplo, hay que empezar con unas eternas probaturas por ambos pitones, en pases sin más méritos, ni estética en la mayor parte de las ocasiones, pero que le restan una docena de lances a la faena; para luego coger la derecha y ensartarle al pobre animal tres series de derechazos (rematados con el de pecho, o con trincheras tan al uso, menos cuando llueve…), tras de lo cual viene el obligado cambio de mano para darle otras dos o tres con la izquierda, vuelta a la derecha, unos adornitos finales, a por la espada, quince pases más para cuadrar al bicho y, si hay suerte.., estocada “dentro del animal” y sanseacabó.
Y de esta manera, una y otra tarde… Y eso si, con suerte, no asistimos a esa birria contemporánea de lo que yo denomino “pingüis”, por delante y por detrás, trapazos por la espalda y estatuarios por delante de supuesta (a veces verdadera) exposición, pero donde no se lleva toreado al toro ni cinco milímetros; faenas para públicos sensibles, ñoños, llorosos o temerosos, incapaces de aguantar todos esos sustos, a los que se les encoje el corazón cada vez que el toro pasa por allí a su albedrío, ya que dominio, poderío e inteligencia requiere poco.
Yo, como no voy a que me asusten a los toros, ni encuentro mayor placer en que zarandeen al torero, ni comprendo por qué a los toros no se les da la lidia que requieren en cada caso, y se les lleva con auténtico mando, dominio de la situación, y si cabe con arte, gusto y estética, me suelo enfadar con tales alardes de “valor” (real, o supuesto, porque quedarse quieto y pasarse, llevando toreado al bicho, los pitones por las femorales tiene mucho más mérito que todos esos atropellos…); porque, además, el valor, como en la mili, y en la cartilla militar te apuntaban, “se le supone”; es condición imprescindible para ser torero, para vestirse de luces, y nadie que no lo tenga podrá llegar a ser nada en este arte… aunque a veces haya algunos que lo disimulen mucho. Así que si alardea mucho de valor… quizá sea porque le falte para torear de verdad, o carezca de esas otras cualidades que elevan el oficio (el arte, de artesano manual, que es como surge la expresión en referencia con los toros y la corrida, no se engañen) a esa categoría artística por encima de lo común.
Faenas estándar, alardes innecesarios o exagerados, quién sabe si por falta –precisamente- de valor… y a ello vamos. Los toros, como los de Cuadri de ayer, requerían otra cosa. Más inteligencia y más oficio (llámenlo técnica, si gustan), que son condiciones que nos elevan por encima de la animalidad de la que hemos hablado en entradas anteriores, y nos hacen colocarnos en la cúspide de la naturaleza, de la creación.


Román en el tercero, el toro de Algarra
(Foto: 
Teseo Comunicación - SCP)
El primero, por ejemplo, que acabó parado y tardeando, necesitaba que se metieran bastante en su terreno, que se cruzara el diestro, le dejase la muleta siempre muy puesta en la cara, y tirase con bastante ritmo del animal, sin dejarle pensar en ningún momento. Con eso hubiese tenido tres series… y poco más. Rafaelillo no quiso, y sabía lo que tenía entre manos, darle esa lidia. Se metió en su terreno, se cruzó, vale, bien, pero al tercer muletazo le escondía un poco el trapo para evitar que repitiese. Anduvo porfión, como siempre, valiente, insistiendo quizá en demasía, pero sin  terminar de cuajar esa breve faena que el toro necesitaba y el público agradecido. Mató a la tercera (que fue la vencida) y aquí paz y después gloria.
El segundo, sin embargo, necesitaba aire, un poco más de distancia (no exagerada) esos dos metros que le hubiesen cambiado por completo. Agobiado en las cercanías por Pascual Javier, donde los toros “pesan” mucho menos que en la distancia, tampoco ofreció el juego deseado, tocando el engaño con frecuencia, y al final dudando y quedándose.
En tercer lugar vimos al sobrero de Algarra, al que el valenciano diestro local, Román, acabó cortándole dos orejitas valencianas cuyo peso específico debe ser el del kilo de paja… ya entienden. Un toro que manseó en varas como pocos, sentía el hierro y salía huido a escape, y que con esos dos simples refilonazos llegó vivito y coleando a la muleta, para que el diestro nos ofreciese una faena estándar de las primeras con mezcla de las segundas, mucho enganchón al principio y sólo dos tandas buenas, una por mano. Hubo, sin que el personal pareciera enterarse un muy buen pase cambiado en las postrimerías y ganas no le faltaron al chaval. Estocada baja y segundo regalo presidencial, al igual que una inconcebible vuelta al ruedo al manso, que es como para que se le caiga la cara de vergüenza al presidente… si la tuviera.


El cuarto de la tarde
(Foto: 
Teseo Comunicación - SCP)
En el cuarto vimos la faena más meritoria de la tarde. El torazo de Cuadri -600 kilos de animalidad- fue, junto con el sexto, el más complicado del encierro, un toro probón, que iba con todo, que a veces entraba al paso para acelerar bruscamente a medio lance cuando creía tener a tiro al diestro o la muleta; toro con el que el valiente diestro murciano estuvo mucho más entonado, más en lo que había que hacer: consentir, aguantar, tirar de él; y con el que, tras un auténtico estoconazo por arriba, de resultado fulminante, consiguió esa oreja meritoria. Su gran humanidad hizo sacar al chico enfermo al que había brindado la faena, y ambos pasearon el trofeo entre aclamaciones por el redondel.


Rafaelillo en el cuarto de la tarde
(Foto: 
Teseo Comunicación - SCP)
En el quinto nuevo naufragio de Pascual Javier. Incapaz de someter al complicado toro de Cuadri, anduvo a la desesperada sin conseguir aguantar las embestidas. De verdad que hay oportunidades malditas… No toreas, suplicas contratos, por fin te meten en la que nadie quiere, y como el ganado es duro y exigente, y tú no estás para esas cosas por falta de oficio o de continuidad, fracasas y te hundes definitivamente. Es una historia una y mil veces repetida, y ayer tuvimos un nuevo capítulo de la serie. Nada más que apuntar.


El sexto y un hermano
(Foto: 
Teseo Comunicación - SCP)
El que también naufragó, en último lugar, fue Román, tan ufano él con las dos orejitas de pitiminí cortadas a un ejemplar sin remate de la factoría “Domecqstizada”. El toro de Cuadri salió enterándose, emplazándose; un bicho, como el cuarto, con trapío para Madrid o Bilbao, 640 kilos en la romana (en Valencia eso puede romper la báscula, seguro), que llegada la suerte de varas empujó con ganas llevándose el caballo a tablas y luego veinte metros más por ellas, más con bravuconería, es cierto, que con bravura; que tomó una segunda vara con algo menos de empuje, pero que tenía de sobra; una tercera en el caballo que hacía puerta, donde Iturralde también le sacudió de firme, como en las dos primeras, tapándole la salida con la famosita “carioca”, y que hubiese necesitado una cuarta y quién sabe si una quinta vara para bajarle los humos. El del moquero del palco, lo sacó a la balaustrada y se cambió el tercio sin necesidad y sin que el toro estuviera suficientemente picado. Y éste llegó con ganas y rematando por alto a banderillas (ayer se tiraron de cabeza al callejón varios rehileteros, incluso afamados…), y después a la muleta. Tratamiento: pases rematados por alto de la muleta de Román por la derecha, y nada de doblarse por bajo con el animalito; consecuencia lógica: el toro se complicó más, enganchó todo lo que pudo el supuesto engaño, que no engañó a nadie, y mostró, por desgracia, que las dos orejitas previas… habían sido regalo exagerado. Anduvo Román, por completo, a merced del toro, nada le pudo, y nada demostró…, antes del calvario para matarlo: estocada casi entera baja, y varios descabellos después de que el bicho sembrara nuevos pánicos en dos amagos de arrancadas en los que hubiera podido llevarse a toda la cuadrilla en volandas hasta la enfermería…

No fue una corrida para cien, ni siquiera para cincuenta muletazos. Fue un encierro con sus tiempos justos, que había que poder, someter, doblegar y lidiar, a cada cual según su condición. Y como a mí, como aficionado, me gusta pensar y que me hagan pensar..., me entretuvo, especialmente su segunda mitad.
Repito, la corrida de Cuadri no fue buena, pero fue interesante, dura, pero dura de verdad, complicada; todos los toros tenían su aquél, su personalidad, necesitaba cada cual su trato, pero ya no quedan espadas que sepan dárselo como antes lo hacían Dámaso Gómez, Miguel Márquez, Ruiz Miguel, y tantísimos otros matadores que no habrán pasado al Olimpo de la estética, pero que tenían más torería, saber hacer y conocimientos de la lidia que todo el escalafón al completo de hoy día. 

miércoles, 20 de julio de 2016

No seas animal...

Por Valentín Moreno
Vicepresidente de la Unión de Bibliófilos Taurinos

Al hilo del texto anterior de Rafael Cabrera, se suscitan diversas reflexiones. Primero, estimo, hay que centrase en la sociedad, y luego en el toro pues el antitaurinismo se enmarca en el animalismo y éste en el buenismo social, dentro de un esquema de marcos de ideas.
El buenismo social actual abandonó el sexo como tabú hace unas décadas y ha asentado como nuevo y gran tabú social la muerte. No se admite que en la vida va consustancialmente la muerte, y se la oculta. Incluso se evita la palabra y se tiende a decir que el difunto "se ha ido", "nos ha dejado", en vez de decir "se ha muerto". En paralelo a este nuevo tabú social, muy asentado, el alejamiento urbano de la vida rural ha maximizado al animal en general y la existencia masiva de animales domésticos de compañía se ha extendido como concepto a los demás, a los que no son perros ni gatos. El animalismo ha pasado de este escalón muy comprensible socialmente por la soledad en las sociedades urbanas, a querer igualar al animal con el hombre y por eso muchos animalistas en vez de decir "ser humano" dicen animal humano y animal no humano. De hecho, existe una entidad que se denomina Igualdad Animal.

Cartel madrileño de 1769 a favor de los Hospitales públicos de Madrid
En este contexto referido se inserta la estrategia del lenguaje y su manipulación por parte del antitaurino radical (que son los más) y se categoriza al animal como humano, aplicándole conceptos que son sólo del ser humano; así, un animal no puede ser inocente o culpable pues no es responsable de sus actos, pero insisten en que es inocente. Un animal puede recibir maltrato, es cierto, pero dicen que "se le tortura", cuando la tortura es de un ser humano a otro, pues no basta que la sienta el que la recibe, sino que debe ser consciente que la recibe, según el derecho penal tradicional. Es en efecto toda una estrategia de manipulación del lenguaje. 

Cartel a favor de las Archicofradías de S. Pedro y S. Andrés de Madrid, para sus fines públicos y piadosos
Al igual ocurre que con los mal llamados "derechos de los animales", que no existen, pues no pueden tenerlos como exponen Fernando Savater, Víctor Gómez Pin o Gustavo Bueno, que los rechazan con argumentos filosóficos, bien reflexionados. Gustavo Bueno define al animalismo "absurdo disparate" y, considerado por muchos el mayor filósofo español vivo, desprecia filosóficamente el posibilidad de “derechos” para un animal. En efecto, las piedras históricas, los bosques y los animales hay que protegerlos pero no pueden tener derechos conforme al derecho civil y natural; tendrían que tener deberes sociales (lo que es imposible, al no ser responsables de sus actos) y no pueden ni reclamarlos, ni disfrutarlos conscientemente. Pero da igual, se da por indubitable en el fanatismo antitaurino que los toros tienen “derechos” y durante los veinte minutos de la lidia –tras cinco años a cuerpo de rey en la dehesa- son violados por los toreros asesinos y el público deseoso de ver sangre. Curiosamente, en realidad, la mejor forma de proteger la existencia del toro bravo de lidia es que se lidie, sin duda. Que sin festejos no habría toros se ha visto a las claras estos años de gran crisis en que al haber reducción de los mismos se ha menguado en modo proporcional la cabaña brava. ¿Quién pagaría por un toro bravo si no hubiera festejos?. Esto también da igual, solo importan los falsos “derechos” mencionados. No obstante, la realidad es tozuda y la ONU y la UNESCO reconocen una Declaración de los Derechos.... Humanos, ratificada en 1948, y no existe ninguna de los Derechos Animales, mundo que no puede estar ajustado a Derecho por la naturaleza de las actuaciones irracionales del animal. Y es que hay que subrayar que el animal más cercano al hombre, por su genoma (la cadena genética), no es el gorila, ni el orangután, sino el chimpancé, y está nada menos que a 14 millones de años por detrás en su evolución, con respecto al ser humano. Como Fernando Savater expone en su Tauroética, es un proceso de totalitarismo moral el del antitaurino, pues no se conforma con exponer su pensamiento, sino que hay que imponerlo: se trata de imponer una moral, la suya, en un complejo de superioridad moral que no admite otra, la del aficionado, y no solo no la admite sino que hay que perseguirla y extinguirla, de ahí el prohibicionismo.

Cartel para paliar la trágica situación de El Tato (31-X-1869)
Con respecto al toro, lo primero que hay que decir es que mucha culpa de que la sociedad actual vea al toro como animal equiparable a los domésticos -casi de compañía- y no como lo que es, bravo de lidia, es el del propio mundo del toro: no ha sabido transmitir nada menos que la razón de ser de todo el fenómeno taurómaco, la bravura del toro y que es de lidia, de lucha, en cuya confrontación de poder a poder con el hombre se domeña la bravura. Otra cosa es que salgan toros mansos y descastados pero la razón del ser del toro bravo de lidia es su bravura y su lidia, lo evidente se olvida.
El antitaurinismo ignora, o lo sabe pero quiere ignorarlo, que la genética del toro es embestir y superar el trance de la lidia gracias, precisamente, a esa genética: el circuito neurológico del dolor es distinto al de cualquier mamífero y muy superior en su tolerancia de umbral del dolor como han demostrado estudios científicos, firmados por doctores investigadores, veterinarios, etc. Precisamente, el cortisol, la dopamina y la gran cantidad de adrenalina que se generan durante la lidia, por la gran actividad hormonal, hace que se neutralicen los transmisores del dolor y que se imponga su genética de embestir y la idea de bravura (de ahí la expresión antigua de "crecerse con el castigo" en varas, por ejemplo) durante la lidia. Es el mismo fenómeno del boxeador, que durante el combate le mueve el hecho mismo de la pelea y su victoria y es al día siguiente cuando siente con intensidad el dolor. Por cierto, la pelea violenta entre humanos no produce el mismo rechazo social que el hecho taurino, lo que prueba la sobreestimación que se hace del animal frente al hombre en ámbitos significativos de la sociedad. Muy mal vamos como sociedad cuando la vida humana vale igual, o incluso menos para algunos, que la animal. Sonado ha sido el caso del zoo estadounidense en el que un niño pequeño se le cayó del brazo a sus padres y ante el zarandeo de un gorila, por temor a que lo arrojara a la pared matándole, el propio zoo disparó al gorila resultando muerto: pues bien, llegaron a la dirección multitud de protestas animalistas por ello, dando igual que estuviera muy en peligro la vida del casi bebé….

Cartel de Écija a favor de los heridos en la Campaña de Marruecos 
Como rito, aparte de como realidad de espectáculo, la corrida es única pues se dirime nada menos que la vida tras la lucha, tras la lidia. Por estar en juego, en suerte, la vida humana, la corrida es hecho transcendente y por tanto no es simple espectáculo de diversión, sino de emoción. Es el único espectáculo verdaderamente transcendente que existe. No se olvide que el toro puede ser indultado si muestra bien la bravura. Aunque hay que reconocer que la vida más en juego y en riesgo por su prevalencia sobre la del animal es la humana. Precisamente, para evitar la prevalencia humana y su altísimo valor con respecto al animal, los antitaurinos humanizan al toro y bestializan al torero llamándole "asesino" (“asesinato”, recordemos, es de una persona a otra según el derecho penal, pero es la estrategia de manipulación del lenguaje referida). Animalizan la lidia, todo un arte en realidad, el del toreo, llamado así desde el siglo XVII, y humanizan al toro. Pero caben aquí mencionarse las palabras de García Lorca: "La mayor riqueza poética y vital de España es la fiesta de toros", u otra frase suya, "el espectáculo más culto que existe", afirmó en otra ocasión. La inteligencia es capital en el toreo, en efecto. Por eso, mientras los toreros torean con su inteligencia y los aficionados defendemos nuestra afición intelectualmente, los antitaurinos embisten en las redes sociales con sus insultos y amenazas. Si ellos manipulan la realidad del toro y lo humanizan, ellos, humanos, se han animalizado con su fanatismo irracional y sus embestidas, como bien se ha manifestado con la muerte de Víctor Barrio en las redes sociales. Es un antitaurinismo zoofílico, antipersona al ser antitorero y antiaficionado, criminal contra el ser humano pues desean la muerte del torero, como han expresado no pocos. Es evidente que el delito de odio está bien presente en esos mensajes llenos de bilis de twitter y que han aflorado desde lo peor de condición ¿humana?. Urge así que actúe la Fiscalía General de Estado ante el acoso y la criminalización que se hace de un espectáculo de masas, de sus protagonistas y de sus aficionados. Escriben que somos psicópatas (lo serían entonces todas las generaciones anteriores de españoles) pero precisamente ese odio visceral pone la psicopatía en su lado. Otra cuestión grave, junto a estos procesos referidos, es el uso, abuso y manipulación que se hace de la infancia por parte del antitaurinismo, que daría para largo en su análisis y reflexión, en una sociedad donde los menores sí tienen derechos, entre ellos a ser formados por sus padres o familia y no por poderes políticos u otros poderes ideológicos. La verdadera violencia para el menor está en un campo de fútbol, como se ha visto tantas veces a causa de los ultras de los equipos, y no en el toreo, escuela de superación, de lucha, de esfuerzo, de pundonor, de sufrimiento ante la adversidad, de uso de habilidad e inteligencia ante lo que se opone a uno, y por tanto, escuela de vida. 

Cartel de Córdoba a favor de la Asociación contra el Cáncer
Concluyendo, el animalismo buenista, por muy fanático que sea y es, visceral (tratando de lo animal, muy propio), sería hasta encomiable por su puro romanticismo, como lo es el del ser aficionado en estos tiempos digitales donde lo que se ve ni existe, frente a una realidad tan física como es el toreo, pero lamentablemente en muchísimas ocasiones no hay tal romanticismo sino intereses materiales muy pragmáticos. Así, en realidad, se ha visto estos años que la verdadera motivación antitaurina es de orden político y la coartada es el animalismo, caso de la prohibición por parte de los políticos catalanes, en un obvio fundamento de actuación por antiespañolismo. Nuevamente la ignorancia manipulada pues no hay nada más mediterráneo que las fiestas de toros, existentes en puntos del levante hispano y también en Cataluña mucho antes que en zonas del interior castellano, pues constan festejos desde al menos el siglo XIV. Da igual que hasta Lluis Companys, fusilado tras la Guerra y referente máximo del separatismo catalán, llegara a presidir corridas de toros, pues era enorme aficionado. Se habla por parte de la clase política nacionalista que es “maltrato animal”, pero se permiten los correbous pues a sus ojos sectarios “es autóctono”. El interés real en prohibir la corrida de toros es que, además de la motivación política, aunque lo nieguen, saben que es un hecho cultural, desde perspectiva antropológica y es un hecho cultural de dimensiones mucho mayores al panorama cultural nacionalista-localista que pueden dominar y controlar sin problemas, y temen su difusión como fenómeno popular. No han podido encontrar en el animalismo estos antitaurinos políticos mejor excusa, y así estamos, entre los intereses políticos de unos y el fanatismo buenista pero violento de otros, como se ha visto por los insultos y agresiones verbales en la circunstancia de la muerte de Víctor Barrio. Frente a este panorama, hay que rendir reconocimiento “al espectáculo más culto que existe”, en la frase ya citada de Lorca, nunca repetida suficientemente, pues se une lo artístico, lo sensorial, a lo trascendente, lo profundo. Por favor, en la defensa de la tauromaquia o su ataque, seamos racionales, y no seamos animales.