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domingo, 7 de octubre de 2012

El cangrejeante arte del toreo


Madrid, 6 de octubre de 2012. Tercer festejo de la Feria de Otoño. Tres cuartos de plaza. 5 toros de Valdefresno y 1 de Fraile Mazas (3º), desiguales de presencia, con poco remate por detrás en general, mansos en varas (salvo el cuarto), manejables la mayor parte opero descastados en conjunto. Destacó por su boyantía el tercero y bastante menos segundo o quinto, sólo por el pitón derecho. Sergio Aguilar, ovación y silencio. Iván Fandiño, oreja protestada (aviso) y vuelta (aviso). David Mora, ligeros pitos y silencio (aviso).

El regalo de oreja a Fandiño se nos antojó absolutamente incomprensible, arbitrario y en extremo económico. Don Julio, me temo, ha debido suspender en matemáticas, ya que ayer los pañuelos ondeantes al cálido aire de la tarde venteña apenas sumarían un quince por ciento –o veinte, concedamos- de los espectadores presentes en el coso. Rara vez recuerdo una petición minoritaria que tanto haya conseguido.  Hay vídeo, se retransmitió por televisión, y aunque apuntasen sólo a los grupos peticionarios, seguro que recontando moqueros y multiplicándolos por doquier, no se cumplía la máxima reglamentaria de la mayoría, uno de cada dos. Así que la mayoría se quedó perpleja ante la incongruente concesión y la bronca al palco, finalizada la vuelta del matador, fue –ésta sí- verdaderamente mayoritaria y absolutamente justificada. En el quinto volvería a repetirse una petición asimismo insuficiente, pero semejante a la del primer toro de Fandiño, y ya no hubo regalos por Navidad… Tampoco oyó el palco, el clamor popular –bastante más abundante- contra alguno de los toros lidiados –el descaderado quinto, por ejemplo-, que aquejaba manifiestas faltas… y también más abundante que la petición final. Ahí se amparará el usía en su criterio o en el de sus asesores –calamitosos, desde luego-, pero no cuadra que para unas cosas sí tenga presente el texto legal y para otras… ni por asomo. El aficionado, el de todas las tardes y no el ocasional público de aluvión –la de entradas que pudieron regalarse ayer, ¡cielo santo!- o el seguidor del torero a ultranza, una vez más se vio despreciado… como siempre. ¿A quién defiende la autoridad?, como gritaba el añorado Salva en el 7 bajo (añorado, ahora mucho más, por la desconcertante actitud de alguno de sus sucesores, que ayer mismo aplaudían a rabiar lo que a otros muchos toreros critican sin piedad, el paso atrás y la descolocación…).

Sergio Aguilar en un meritorio natural, aunque no fue de la mejor serie, ya en toriles (Foto: las-ventas.com)
La tarde, al margen del impenetrable triunfo, fue una más en su conjunto, dominada por dos o tres cuestiones básicas: la escasa calidad del ganado lidiado –salvo, repetimos el tercero y en menor medida, segundo o quinto-, el toreo postmoderno de paso atrás y escondida de pierna que debiera cargarse (con la subsiguiente descolocación en el inicio de cada lance, la ausencia de remate de cada pase y la falsedad de aquella ligazón en la que no se expone nada porque el mismo torero se quita de la trayectoria del toro), y un toreo brillante en ráfaga y media que pasó desapercibido –lamentablemente- para la mayor parte del concurso. Nos referimos, en última instancia, a la serie y media de naturales de Sergio Aguilar, a su rajado primero, en la puerta de arrastre, verdaderamente meritoria, artística, profunda y generosa, con la mano baja, arrastrando al toro por donde no quería ir –se quería rajar hacia toriles a cada paso-, magistralmente rematado cada lance en la espalda, ligados sin necesidad de esconder pierna alguna y casi hasta bien colocado el espada. Toreo puro. Toreo verdad. Toreo eterno, que muchos no vieron o no quisieron ver. Lo de Fandiño, y peor aún, lo de David Mora, ayer, fue espantoso.
Del ganado… poco más hay que hablar. Hubo más posibilidades que realidades. El segundo de los Hermanos Fraile, consiguió que le aprobaran un encierro con seis toros desiguales, mal rematados, alguno menos que justo que apenas se tapaba por dos pitones (el tocado siempre es oportuno pero no puede ocultar la fealdad del conjunto y menos aun del rostro), y que anduvieron poco más o menos como confiábamos ayer: el primero era un mulo de libro, rajado desde el inicio; el segundo se vino a menos y ya hizo intentos de irse de aquello en la tercera tanda; el tercero fue el único bueno para el último tercio, noble y boyante; el cuarto era otro buey bravucón, que a su aparente cumplimiento en varas, sumaría descaste, levantando la cara, dando arreones de bravucón o abanto y viniéndose a menos al final; el quinto, gazapón, anodino y a la defensiva sólo mostro un buen pitón derecho; y el sexto, soso y a menos, también hizo por rajarse desde mediada la faena… Más de lo de siempre. Luego podremos evaluar si hubo más juego que el mostrado por los espadas, que sí, pero la realidad mostrada es la que pintamos.

El tercero, Cartuchero, el mejor de los lidiados ayer (Foto: las-ventas.com)
Una pena que lo mejor de la corrida tuviera lugar en el que abrió plaza, un toro justito de presencia, con 517 kilos, negro y de nombre Lironcito. Rajado y protestón, su único afán en el último tercio era huir de la contienda, que Sergio Aguilar le planteó, rápidamente, en los terrenos en que debió hacerlo, en torno a chiqueros. Allí le daría esa impresionante serie y media de lances con la zurda, aunque luego se deshiciera lo alcanzado en el naufragio de toriles, donde todo eran intentos ciertos del diestro por arrancar lo que el toro no mostraba, muy cerrados ambos sobre tablas (nuevo mérito del espada). Firmeza, decisión y voluntad no faltaron, pero imposible sacar nada en claro del mulo aquel. Una buena estocada casi entera, levemente perpendicular, un arreón más que logró desarmar al maestro y un descabello pusieron fin al único capítulo de toreo de la tarde de ayer. Nada ocurriría en el cuarto, Dudito, un bicho de 540 kilos, también negro, que –bravucón él- cumplió en varas, apretando e incluso derribando en el primer encuentro, y al que hubo de colearse en segunda instancia para alejarlo del picador -¡qué inutilidad de capotes!-, pero que luego no mostró idénticas calidades en el resto de la lidia. Sergio volvería a intentarlo, tirando del bicho en los comienzos, pero el toro se venía a menos rápidamente, levantando la cara al final de cada lance, punteando después, dando algún arreón para ver si desbordaba y ensuciando el trasteo. Consiguió arrancar el madrileño algún buen muletazo con la zurda, un par apenas, pero no hubo forma de sacar nada más en claro. De un bajonazo, tras pinchazo caído, lo mandó con sus tres primeros compañeros. Se merece, sin lugar a dudas, que lo repitan con toros de mayores garantías, porque le hemos visto, este verano, la faena más importante y profunda que este año se ha contemplado en Las Ventas.
Lo de Fandiño, pese a sus muchos admiradores alcarreños –o madrileños- perdónenme, es incomprensible. Iván se ha alzado al puesto que hoy ocupa a base de un toreo de más verdad, de exposición, de colocación y mando, y aunque esta temporada no haya revalidado los méritos de la precedente, es de esa forma de la que consiguió alzarse del cierto ostracismo en que se hallaba. Y fue, recuérdenlo, en Las Ventas. Pues ayer… nada de nada, ni colocación, ni mando, ni verdad. Fue uno más en esa forma mentirosa de muletear que para ligar necesita retroceder siempre como cangrejo, andando hacia atrás y escondiendo la pierna que debe cargarse. Como un cangrejo, repetimos, iba cediendo terreno al segundo toro en la faena de muleta, pasito a pasito entre cada lance, dejándole la muleta en la cara y cediendo lo que antaño se ganaba a base de autenticidad, mérito y valor. Eso se cantará hoy como proeza, pero a poco que uno haga cuentas, recapacite, pondere y valore lo que tiene de mérito si lo compara con el ganar terreno de antaño, caerá en la conclusión más obvia: perder terreno, no rematar ningún pase, estar siempre descolocado en medio de las series, tiene menos valor que lo contrario… vamos me parece a mí. Lo mejor del asunto es que la prensa y el mundillo han conseguido engañar al respetable y hacerle creer que aquello es el non plus ultra…, que ligar es de mayor trascendencia que el torear con verdad. Bueno, ya sé que la sociedad va por el mismo camino, pero uno fue inconformista de joven y en tantos aspectos de la vida lo sigue siendo. No negaremos que ligó las tandas de aquella manera frente a su primero, Cigarro por mote, un toro de 510 kilos, mejor presentado que algún hermano de camada, negro, que intentó rajarse en la muleta –se fueron cerrando ambos varias veces a tablas para evitarlo- y que de francas embestidas iniciales fue claramente a menos. Como también le ocurriría a la faena, por cierto, sólo recuperada -al fin- de una magnífica estocada por los rubios, rematada con sendos descabellos mientras el usía le perdonaba un aviso inicialmente porque ya tenía el premio en mente… Oreja injustificada que fue ampliamente protestada tras la concesión de aquélla o tras la vuelta correspondiente. En el quinto hay quién defiende que anduvo listo…, yo creo que buscaba plaza olímpica para el maratón de Río de Janeiro. No hay nada más antiestético que esas carreras para atrás entre series, para dar distancia al toro, a cada paso. Carreras que se repitieron desde que descubrió que Buscador, tenía un pitón derecho más potable que el zurdo inicial. Un toro, si me apuran, mal rematado, descaderado, manso y de 508 kilos. Fue tras dos tandas al natural por completo sucias y anodinas, con el toro incómodo y gazapón, pero mejor colocado que en su primero. Cuando al fin se cayó del blanco caballo hacia Damasco y vio la Luz, comprendió que eran distancias lo que pedía el toro y que el pitón bueno era… justo el contrario. Albricias. Y comenzó a correr para atrás para citar desde veinte metros y dejar que el toro llegara, para despedirlo como fuera del lance. Hubo poco dominio, poco toreo, el toro pasaba, repetía tres o cuatro veces, él se descolocaba en los lances sucesivos, echaba la pata atrás, y nueva carrera hacia cualquier otro lugar para volver a citarlo. Finalmente el toro se cansó del jueguecito y comenzó a aplomarse… y entonces Fandiño recurrió a las bernardinas desde Guadalajara… y funcionó de nuevo, volviendo a levantar los algo decaídos ánimos de los aplaudidores. Si el Litri padre levantara la cabeza… o tuviera cuarenta años menos, se hacía el amo del cotarro. Una nueva y buena estocada, y nuevo perdón de aviso que sólo llegó entre los dos descabellos consiguientes. Hubo casi la misma petición que en el segundo… pero ya no tocaba regalar nada más. ¡Qué voluble es el mundo!

Fandiño, tras una de sus famosas carreras, citando en la distancia... si lo hiciera con naturalidad y al paso, con torería al menos... (Foto: las-ventas.com)
Muy mal estuvo David Mora, mal sin paliativos ni eufemismos, rematadamente mal. El tercero, Cartuchero, fue el toro de la tarde, un bicho de 503 kilos, negro, con dos velas que cubrían algunas escaseces traseras, manso pero boyante y noble como pocos. Apenas unos capotazos de recibo, a la verónica, le apuntamos como aceptables. Del resto… mejor es olvidar. Retorcido, despegadísimo, siempre fuera de cacho –a éste sí se lo recriminaron-, tirando líneas siempre en paralelo, nunca rematando los pases hacia la espalda, algo sucio y atropellado, se dejó ir una oportunidad de oro. El toro terminó por aburrirse en la octava tanda…; el público ya lo estaba desde la tercera. Un bajonazo culminó tan grande obra; genial. Tampoco con Pelotita anduvo mejor; el animalín del infantil apodo pesaba 525 kilos, era también negro, manso, soso y se fue a menos en cuanto pudo. Mora volvió a las andadas, a citar desde el más allá y llevarlo aun más allá todavía y terminó con la muleta por detrás del muslo abusando del pico hasta casi sacarle un ojo al toro. Se puso pesadito frente a Pelotita y al final se lo recriminaron. Costó cuadrarlo –ocurre cuando uno se pasa de faena-, al fin le dio un pinchazo que profundizaron los capotazos del peonaje entre la indiferencia general -¡qué cosas!- y oyó un aviso por la ineficiencia de su puntillero. ¡Qué necesario sería contar con un nuevo Agapito!
Y acabose la función de perplejidades, en la que está visto que lo que gusta es el toreo a lo cangrejo, hacia atrás, en vez de para adelante. ¿Es acaso un adelanto para el arte? 

1 comentario:

  1. Muy buenas Don Rafael:

    Al final he visto la misma (o parecida)corrida que usted. Ayer veía a algunos del 7 que siempre pitan como debe ser, la mala colocación y el pajareo, daban loas a Fandiño. Me alegro de coincidir con un crítico como usted, a pesar de mi no tan veterana afición.
    Simplemente, quería narrarle una anécdota que me pasó ayer en el alto del 6. Tenía detrás mía tres franceses no mayores de edad que gritaban: BIEENNNNNN, a cualquier pase que diese cualquier torero. No discriminaban si era al hilo, despegado o más fuera aún. Todo mezclado con francés. Así que les pregunte: qué hacían unos franceses por Madrid. Me contestaron en franespañol, que ver toros. Uno de ellos es novillero sin picadores (lleva 30 novilladas), no recuerdo su nombre. Sólo le dije, chico si quieres triunfar en Madrid, colócate en tu sitio, crúzate, domina al toro, le pegas tres de esos y te doy la oreja. El novillero creo que se quedó con un runrun interior. Aunque visto lo visto, por ayer, no hace falta hacer el toreo para cortar orejas en Madrid.

    Un saludo de un seguidor de sus crónicas.

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