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lunes, 26 de mayo de 2014

Trabajo a destajo

Madrid, 25 de mayo de 2014. Menos de dos tercios de plaza. 3 toros de Peñajara (1º, 2º y 6º), bien presentados, mansos, inválidos de solemnidad, descastados. 1 toro de Los Chospes (3º), manso, brusco, complicado. 1 toro del Conde de la Maza (4º), escurrido de carnes, manso, complicado y con casta. 1 toro de La Rosaleda (5º), mal presentado, manso, con casta, de embestida en la distancia y peor en las cercanías. Saltaron además dos toros retirados, de El Cortijillo (1º bis) y Torrealba (3º bis), y tres de la ganadería titular que volvieron camino de toriles. Víctor Puerto, silencio y silencio. Eugenio de Mora, silencio y vuelta. Alberto Lamelas, ovación (aviso) y silencio.

Trabajo a destajo para los areneros. Entre su quehacer habitual, y las veces que tuvieron que salir a recoger la incontinencia fecal de los cabestros, ayer se ganaron el sueldo más que con creces. No me hubiera extrañado que, en una de esas, hubiesen recogido también alguna asquerosidad de eso que llaman toro para Madrid… Cinco devoluciones de ganado de distinto cariz, ganadería y pintas… que bien pudieran haber sido tres más (las de los tres del hierro original que se lidiaron, completamente podridos de fuerzas) y que al presidente se le olvidó devolver. Que alguien me explique, por favor, cómo es posible que los cabestros continúen en su defecatoria labor, cinco veces consecutivas… como no sea como protesta hacia esta empresa absolutamente detestable. Y si salen los tres más que deberían haberse devuelto… ¿hubiesen manifestado también su protesta?


Revolcón de Lamelas, sin consecuencias, tras una lamentable y  prescindible bernardina (Foto: las-ventas.com)
Eso mismo, que es lo que pensábamos todos los aficionados y, ¡sorpresa!, el público de aluvión, lo manifestaron de forma patente, ostentosa, olorosa y majestuosamente los bueyes de Florito. La primera plaza del mundo la han convertido en una m. No es, sin embargo, la primera vez que ocurre y, me temo, que volverá a ocurrir. Días de once toros los ha habido, no muchos, pero sí algunos, en la historia madrileña, pero al menos no se sacaba pecho entonces como ahora. Por cierto, ¡vaya publiquito el de este domingo de resacón copero futbolístico y electoral! Parecía el de la entrada regalada por el primitivamente regalado con la entrada. Vamos, regalo de segunda o tercera generación… Se aplaudieron, ¡oiga!, pares dejados en el santo suelo, bajonazos a un palmo del hoyo de las agujas, lances enganchados como del mástil de la flameante bandera, series de trapazos y otras lindezas de una tauromaquia ayer ausente. Quizá se tratase de compensar con ello las protestas ante tanto bicho inútil e incapaz, y la pérdida absoluta y constante de tiempo en algo que debiera ser un espectáculo dinámico, para evitar el aburrimiento desesperante. El lío de ganado era tal, que hubo parón entre toro y toro que llegó casi  a los veinte minutos (devolución incluida, no sé qué harían los del Plus, ni a quien tendrían que alabar en ese larguísimo lapso…).


Puerto saludando al primero... (Foto: las-ventas.com)
Seré breve, no teman, en justa e inversa correspondencia con el festejo de ayer. Dos toros se retiraron, uno por inválido (cuatro caídas en el primer tercio) y otro por partirse el pitón por la cepa (de El Cortijillo), antes de que se lidiase el primer Peñajara (otro inválido absoluto, que se deslomaría siete veces antes de fallecer de inanición y consunción terminal). Cuando por fin dobló llevábamos 55 minutos de ¿festejo? Le tocó a Víctor Puerto que anduvo entre la ausencia psíquica y la labor enfermeril, mientras el inválido y convaleciente bicho cabeceaba por incapacidad. Un bajonazo aplaudido y a otra cosa. El cuarto fue un interesante y escurrido sobrero del conde de la Maza, un toro a la antigua que derribó al caballo en la primera entrada (poniéndolo en horizontal) y lo volvió a recomponer todo él, levantando al penco, montando en la silla al picador y saliendo sueltito para que volviese el orden y concierto. En dos entradas más demostró mansedumbre, como en banderillas, pero casta en la muleta. No pudo tener más precauciones Puerto, entre constantes pasos atrás, encorvamientos y pasajes hacia las afueras del animalito. Como el toro llevaba la cara a media altura, cabeceaba y derrotaba, al manchego le dio por llevarlo a media altura también y rematar casi todo por alto, vamos, lo que necesitaba el de los cuernos para hacerse el amo del cotarro. El bicho reinó sobre la faena, serio, con la boca cerrada, pidiendo guerra, hasta que Víctor le dio matarile de un pinchazo hondo, bajo y atravesado.


Eugenio de Mora achuchado una vez más por el de La Rosaleda (Foto: las-ventas.com)
El segundo lidiado era el quinto (en el programa y en saltar al ruedo), otro inválido de Peñajara (que salía de los capotazos de lado y que besó el santo suelo de la madre patria hasta en siete simpáticas ocasiones). A Eugenio de Mora le dio por torear al incapaz entre la estupefacción del personal, bien colocado pero todo por arriba, mientras el animal se movía más por el subsuelo de la plaza que por la superficie del albero. Pitos para que finalizara el tormento. Dos pinchazos bajos, desde muy fuera de la suerte y una entera desprendida y trasera eutanasiaron al minusválido. El quinto, cuando ya llevábamos dos horas y treinta minutos de “aquello” fue un sobrero expósito de La Rosaleda, tercer hierro de José Luis Pereda, del encaste… mayoritario. Pero, mira por dónde, saltó a la arena un animalito manso, con casta que venía bien desde la lejanía, y que a Mora le dio por dejárselo casi siempre debajo mismo. Resultado de la cuestión: constantes correcciones, sustos, imprecisiones, suciedad en el trasteo y desesperación de los que veíamos que si lo hubiera rematado más atrás todo, había toro para un cortijo en Manzanares, Tomelloso o La Solana. Eso sí, no hubo pérdida de papeles (por los pelos) y puso el hombre voluntad en aquello. Desde fuera volvería a dejar un pinchazo saliendo de la suerte y una entera desprendida tan aplaudida que saldría a dar una vuelta con alguna, y ligera, protesta.


Lamelas en el tercero tris, de Los Chospes (Foto: las-ventas.com)
A Lamelas le salió un tercero tris (eran ya prácticamente las nueve de la noche) de Los Chospes, hierro que el pasado martes enviaba a dos diestros a la enfermería. Y como aquel, fue un animal complicado y brusco, manso y con genio, que antaño había que lidiar y al que hoy le dan cien muletazos sin orden ni concierto. Metía el toro los riñones en el capote, con genio, aceptablemente parado por Lamelas; sin suerte de varas aparente (llevábamos ya lo que llevábamos); y en banderillas fue extraordinariamente pareado por Fernando Téllez (lo más importante y meritorio de toda la larguísima tarde, sin duda, una auténtica garantía). No pudo aguantar el espada de Cortijos Nuevos las primeras acometidas de la res, sin firmeza, perdiendo pasos constantemente, entre enganchones repetidos porque el toro punteaba por arriba con asiduidad, llevando la cara a media altura. Faena de muy poca cosa, pero aplaudida porque la corrida iba siendo un desastre auténtico, antes de que el jiennense acortara distancias, lo ahogara, y recurriera al encimismo -valeroso, sí, pero de escasos quilates- y lo despenara después de ser revolcado en una absolutamente prescindible, temeraria y absurda bernardina, de un pinchazo hondo bajo, tras oír un aviso. El último fue otro inválido de Peñajara, pero para ese momento la gente ya andaba hasta el gorro de toros, toreros, sobreros y cabestros. Sólo se cayó seis tristes veces, y como lo hizo poco en el primer tercio, la cosa se mantuvo en el ruedo… Lamelas volvió a acusar su escaso bagaje, aguantando menos que lo justito las brusquedades del incapaz, todo a media altura y con mucho enganchón. Se puso pesadito al final y fue avisado, por lo que quedaba de público (la huída había sido masiva desde el segundo sobrero), con pitos para que pusiera término al soberano suplicio. Lo ejecutó, desde fuera, de un lamentable pinchazo bajo con desarme y un fantástico bajonazo.
Muchas más de éstas, y las corridas desaparecen por ellas mismas. Enhorabuena a la familia Choperita (varios cientos de kilos a sus espaldas) y a los compañeros mártires de la Legión Tebana (“te van a” tomar el pelo, sin duda).

Lo menos malo de lo infumable de ayer tarde:
1º.- Aguacero, el tercer bicho que saltaba al ruedo, del hierro titular, 572 kilos, negro bragado meano corrido y axibklanco, regordío y delantero, manso e inválido por completo.
2º.- Astillo, también de Peñajara, que hacía el quinto que saltaba a la arena, 569 kilos, negro bragado, meano corrido y axiblanco, tocado y casi veleto de pitones, manso e inválido total.
3º.- Chinato, de Los Chospes, octavo toro que salía de chiqueros, 515 kilos, negro, delantero de cuerna, manso en varas, complicado y brusco pero interesante para el aficionado.
4º.- Costurero, del Conde de la Maza, enésimo toro y segundo sobrero titular, 530 kilos, castaño salpicado y ojinegro, muy escurrido de carnes pero con dos velas como los toros de Castellanos, un bicho a la antigua, sin duda, manso y complicado, pero con casta.
5º.- Indio, de La Rosaleda, perdida ya la cuenta creo que era el décimo en saltar al ruedo, 527 kilos, colorado y ojo de perdiz, una croqueta con dos pitones delanteros, manso, con su castita pero mejor en la distancia larga que en la corta.
6º.- Argentino, titular en su casa, 540 kilos, negro bragado y meano corrido y axiblanco, tocado de cuerna, manso, flojo, complicado y sin casta. 

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